Juan Carlos Chirinos

/Dice Kadaré a un periodista: «la gran literatura es más fuerte que las tiranías. Los escritores que practican este oficio por casualidad no pueden entenderlo. Un autor de verdad tiene una visión del mundo propia y no hay cosa que pueda molestar más al totalitario que tener una visión del mundo que sea la suya. El ejercicio de la escritura implica individualismo...». Sospecho que hay un error en la transcripción de sus palabras, pero así es más perturbador. palopalomalo: es mi respuesta que me recuerda la libertad (y el juego) que practicaban Cortázar, Huidobro, Girondo, Hernández, Beckett y, antes de entregarse a la barbarie política que los consume, algunos buenos novelistas de mi país.
/El buen cuentista hace sus deberes temprano y antes que todos. O nunca.
/El buen cuentista madruga. Se acuesta tarde. No duerme.
/El buen cuentista está lleno de odio y destila amor.
/Oigo en un recital de microcuentos Cuerpo de mujer, un relato de Akutagawa inquietantemente parecido a las cosas de Kafka: ¿se desplazan las ideas literarias como los virus, o hay un poso común universal en el que abrevan todos los (grandes) escritores?
/Meme: recordar esta palabra. Es la cola que une un relato.
/También recuerdo que García Márquez argumenta con debilidad, para sus tristes putas, un homenaje voluntario a Kawabata. ¡A ver si es que Occidente se endeuda con Oriente no sólo por dinero!
/¡Yo también escribo cuentos así!, reclama el que se inicia, creyendo que la cosa es más fácil de lo que parece. (No nos engañemos: escribir es fácil; lo jodido es sacar las ideas de ese marañón de neuronas).

/Dice Kadaré a un periodista: «la gran literatura es más fuerte que las tiranías. Los escritores que practican este oficio por casualidad no pueden entenderlo. Un autor de verdad tiene una visión del mundo propia y no hay cosa que pueda molestar más al totalitario que tener una visión del mundo que sea la suya. El ejercicio de la escritura implica individualismo...». Sospecho que hay un error en la transcripción de sus palabras, pero así es más perturbador. palopalomalo: es mi respuesta que me recuerda la libertad (y el juego) que practicaban Cortázar, Huidobro, Girondo, Hernández, Beckett y, antes de entregarse a la barbarie política que los consume, algunos buenos novelistas de mi país.
/El buen cuentista hace sus deberes temprano y antes que todos. O nunca.
/El buen cuentista madruga. Se acuesta tarde. No duerme.
/El buen cuentista está lleno de odio y destila amor.
/Oigo en un recital de microcuentos Cuerpo de mujer, un relato de Akutagawa inquietantemente parecido a las cosas de Kafka: ¿se desplazan las ideas literarias como los virus, o hay un poso común universal en el que abrevan todos los (grandes) escritores?
/Meme: recordar esta palabra. Es la cola que une un relato.
/También recuerdo que García Márquez argumenta con debilidad, para sus tristes putas, un homenaje voluntario a Kawabata. ¡A ver si es que Occidente se endeuda con Oriente no sólo por dinero!
/¡Yo también escribo cuentos así!, reclama el que se inicia, creyendo que la cosa es más fácil de lo que parece. (No nos engañemos: escribir es fácil; lo jodido es sacar las ideas de ese marañón de neuronas).